Psicoanálisis: todos somos neuróticos

La terapia que recibió el nombre de psicoanálisis es una derivación del método catártico practicado por Josef Breuer РTodo ese proceso que habría curado a Anna O. Freud siempre le dio este crédito a su amigo, que era un verdadero descubridor de un nuevo camino de exploración del inconsciente, y describió este tratamiento en el artículo. Método psicoanalítico de Freud: “(El tratamiento de Breuer) supuso que el paciente era hipnotizable y se basó en la expansión de la conciencia que ocurre en la hipnosis. Su objetivo era eliminar los síntomas, y lo logró haciendo que el paciente volviera al estado psíquico en el que apareció el síntoma por primera vez.

En el paciente hipnotizado, surgieron recuerdos, pensamientos e impulsos que hasta ahora hab√≠an estado ausentes de su conciencia, y despu√©s de que comunic√≥ estos eventos ps√≠quicos al m√©dico, bajo intensas manifestaciones afectivas, el s√≠ntoma fue superado y su regreso no ocurri√≥ ". Los casos narrados en los Estudios sobre la histeria involucraron predominantemente tratamientos cat√°rticos o hipn√≥ticos. Para Breuer, y para Freud en ese momento, la efectividad terap√©utica de esta catarsis estaba en la posibilidad de liberar, a trav√©s de la hipnosis, una emoci√≥n reprimida, vinculada a alg√ļn tipo de trauma que no hab√≠a alcanzado la conciencia.

Freud incluso tuvo su propia interpretaci√≥n del origen de este trauma. √Čl cre√≠a que la disociaci√≥n mental que result√≥ en la histeria proven√≠a de una autodefensa de la mente contra un recuerdo insoportable: espec√≠ficamente la de ser abusado en la infancia por un adulto, generalmente por los padres, una idea, por cierto, que Breuer no firm√≥ en absoluto. Esta propuesta se bas√≥ en informes que Freud escuch√≥ de sus pacientes y se conocer√≠a como su Teor√≠a de la seducci√≥n. Pero pronto se dio cuenta de que la cuenta no se cerr√≥. Para que todos los que pasaron por su oficina tengan esta historia de abuso, se necesitar√≠an m√°s padres y madres que abusen de los ni√Īos de lo que el sentido com√ļn nos permitir√≠a creer. Adem√°s, Freud not√≥ que muchos de los informes de sus pacientes tra√≠an contradicciones, exageraciones … fantas√≠as. Y as√≠, su teor√≠a de la psicog√©nesis de neurosis cambi√≥, como lo har√≠a con varias de sus ideas a lo largo de su vida.

Al principio, tan pronto como rechaz√≥ la Teor√≠a de la seducci√≥n, comenz√≥ a creer que el trauma a√ļn era sexual, bueno, pero no generado por un recuerdo, sino por una fantas√≠a de lo neur√≥tico: era el deseo sexual que el ni√Īo sent√≠a por uno de los padres que crearon pensamientos reprimidos, lo que result√≥ en sufrimiento ps√≠quico. M√°s tarde, Freud refinar√≠a su teor√≠a, se√Īalando que la histeria y otras neurosis vendr√≠an de un conflicto mental entre nuestros deseos y nuestra autocensura.

De hecho, hablando de neurosis, es una tontería llamar a alguien neurótico. Para Freud, todos somos neuróticos: personas que tienen conflictos internos y los enfrentamos a través de represiones mentales. El austriaco dice que todos tienen que lidiar mentalmente con los deseos que necesitan mucha autocensura. (Solo se convierte en sinónimo de trastorno mental cuando el individuo no puede hacer frente a sus conflictos). Si nunca reprimes tus deseos, esto es evidencia de psicosis: cuando no hay barrera entre tu conciencia y tus voluntades más locas, sexualidad y agresión: esa sería una situación que con calma se puede llamar loca. Sin represión, tu vida estaría en caos; tal como una sociedad sería caótica, o psicótica, si permitiera que todos prendieran fuego al circo.

Además de cambiar de opinión sobre el origen de los trastornos mentales, el genio de Viena decidió cambiar las tácticas en los tratamientos. El primer paso fue abandonar la hipnosis, lo que resultó ser conveniente, ya que Freud nunca fue un buen hipnotizador. Su argumento fue que no todos pueden ser hipnotizados, por grande que sea la capacidad del terapeuta, por lo que el cambio apuntaba a una aplicabilidad universal de la terapia (esta democratización del alcance del psicoanálisis también se dejaría de lado, digamos, como veremos en este capítulo).

El sustituto que Freud encontró para la hipnosis fueron los discursos espontáneos de los pacientes, incluso despiertos, principalmente en las partes más involuntarias de esos discursos, en detalles que las personas descartarían en circunstancias normales. Un proceso que llamó asociación libre, que se ha convertido en uno de los pilares del tratamiento psicoanalítico. A continuación, trataremos exactamente estos pilares, los componentes esenciales de una sesión clásica de psicoanálisis en los moldes freudianos: asociación libre, transferencia e interpretación.

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Cuando consolidó un proceso terapéutico para reemplazar la catártica, Sigmund Freud comenzó a asistir a su oficina de la siguiente manera: todo comenzó con el paciente acostado en el famoso sofá. La persona no necesitaba cerrar los ojos: Freud se sentó detrás, cerca de la cabeza del analizando, para escuchar lo que diría, pero fuera de su vista, para que nada en la postura o el semblante del terapeuta pudiera obstaculizar la espontaneidad del sujeto. persona

Luego se alent√≥ al paciente a hablar. No exactamente sobre el problema que lo hab√≠a hecho buscar el psicoan√°lisis, sino cualquier cosa que se le ocurriera. Cualquier cosa. Sin censura, tema o direcci√≥n. No debe dejar nada afuera, por vergonzoso que sea su pensamiento; de hecho, debe tratar de incluir en el informe los detalles vergonzosos, que cualquiera preferir√≠a omitir. Podr√≠a ser un sue√Īo, un reflejo, un recuerdo, un deseo … o algo trivial que acababa de suceder: ‚ÄúFui a comprar mis cigarrillos en la esquina, termin√© chocando con la esposa del vendedor y me impresion√≥ el tama√Īo de sus manos. Luego fui al teatro y cen√© con amigos, pero no pod√≠a dejar de pensar en esa reuni√≥n en la venta ‚ÄĚ.

Podr√≠a comenzar as√≠. O no. A partir de entonces, Freud alentar√≠a al individuo a hacer asociaciones. (Esto es importante: el analizante mismo es el que hace las asociaciones, no el terapeuta). Por ejemplo, podr√≠a preguntar qu√© le hicieron pensar esas manos de la esposa del vendedor: "Las grandes manos de esa mujer ahora me recordaron a mi padre". , que era un tipo alto … Mi padre muri√≥ de c√°ncer de pulm√≥n … Cuando vi a la esposa del vendedor, por un segundo pens√© que se parec√≠a un poco a mi madre … No he visitado a mi madre en mucho tiempo ".

El ejemplo aqu√≠ es algo obvio, y no necesitas ser un doctor en psicolog√≠a para arriesgarte con una interpretaci√≥n freudiana. Pero la esencia de la asociaci√≥n libre est√° presente: las conexiones entre partes de declaraciones espont√°neas. En el ejemplo que di, tal vez el paciente descubrir√≠a, en la sesi√≥n de psicoan√°lisis, que sus ataques de ansiedad est√°n relacionados con un malestar con su madre, quien lo censura por fumar demasiado, al igual que el padre que muri√≥ de √©l. Esta incomodidad con el rega√Īo de la madre fue quiz√°s la causa inconsciente de que el individuo no se present√≥ en la casa de la madre y se sinti√≥ culpable, un conflicto ps√≠quico, por esta ausencia.

Freud concluy√≥ que la asociaci√≥n libre era el m√©todo ideal para acceder al inconsciente de las personas. Emociones, recuerdos y representaciones surgieron mucho m√°s f√°cilmente. Y llegaron de manera m√°s confiable que en la hipnosis. Seg√ļn Freud, la hipnosis no le permiti√≥ al m√©dico identificar la resistencia, las formas en que el paciente intenta, incluso sin darse cuenta, maniobrar sus discursos para que el terapeuta no descubra el contenido que la represi√≥n intenta mantener oculta. Fue un hallazgo tan importante que Freud consider√≥ que este m√©todo de asociaci√≥n libre es la "regla de oro del psicoan√°lisis".

No es que fuera perfecto, por supuesto. Los psicoanalistas pronto percibirían la actitud de los pacientes que conocen la "regla de oro", quienes, a propósito o no, comienzan a hablar incoherencia tras incoherencia, con el objetivo de hacer inviable una interpretación correcta. Aunque la coherencia no es un criterio de lo que vale o no vale en una sesión psicoanalítica. Por el contrario: en el discurso del paciente, todo vale, siempre y cuando sea espontáneo, libre de censura o premeditación.

Transferencia

Freud descubri√≥ un elemento m√°s importante para su psicoterapia cuando trataba a Dora, otro nombre ficticio, el verdadero nombre era Ida Bauer, una ni√Īa de 18 a√Īos que, durante todo el tratamiento, comenz√≥ a asociar al terapeuta con la figura de su propio padre, para quien Ella estaba muy apegada. En alg√ļn momento, Dora interrumpi√≥ repentinamente el tratamiento y se despidi√≥ para siempre, nunca regres√≥, un comportamiento extra√Īo porque, hasta entonces, las sesiones parec√≠an progresar bien.

Freud reconoci√≥ en este comportamiento una venganza contra un padre simb√≥lico, √©l, en este caso, que no atendi√≥ los deseos de la ni√Īa. Y comprendi√≥ que era muy importante identificar esta tendencia de los pacientes a reemplazar a alguien importante en sus vidas con la persona del terapeuta. Porque podr√≠a se√Īalar signos de deseos inconscientes.

Para que este proceso sea más claro, vale la pena explicar cuál es el entorno en la clínica psicoanalítica. Son los arreglos prácticos los que organizan la interacción entre el terapeuta y el análisis: el horario de las sesiones; la forma en que se acomodará al analizando, en el psicoanálisis clásico, acostado de espaldas al terapeuta, pero otras terapias que usan conceptos de psicoanálisis colocan a los dos sentados uno frente al otro; el estilo del terapeuta (algunos ni siquiera le dan los buenos días al analizado, y esto se puede decir en esta combinación inicial); la duración de las sesiones; la duración del tratamiento e, incluso, la fecha correcta del analizando para pagar las sesiones.

Est√° bien, pero ¬Ņqu√© tiene que ver todo esto con la transferencia? Muchas cosas. Por ejemplo, si el analizado comienza a retrasar el pago, mientras habla en la asociaci√≥n gratuita sobre su rutina de malgastar dinero, es decir, no le falta dinero, el terapeuta puede identificar el deseo de lastimar a un padre o un hijo all√≠. madre, desplazada a la figura del psicoanalista, quien, pobre hombre, es el que espera el dinero. Otras desobediencias, como llegar tarde o estar de pie durante la sesi√≥n, contra la combinaci√≥n de que siempre debes estar acostado, tambi√©n revelan signos de transferencia.

La oficina de Freud. Un coleccionista de antig√ľedades, tomaba sus objetos cuando necesitaba mudarse a Inglaterra. Su casa de Londres es ahora un museo y alberga el famoso sof√°. (Archivo Hulton / Im√°genes Getty)

De ah√≠ la necesidad de una contratransferencia, que b√°sicamente es para que el terapeuta identifique c√≥mo suceden estos desplazamientos y use esa percepci√≥n para su ventaja, dando el mejor curso de tratamiento posible. ¬ŅQui√©n es la persona que lo analiza transfiriendo a la persona del terapeuta? ¬ŅSu madre? ¬ŅSu novia? ¬ŅTu entrenador personal? Por supuesto, no es tan f√°cil. ¬ŅQu√© hacer, por ejemplo, cuando el analizando parece estar enamorado del psicoanalista, transfiriendo un deseo reprimido a otra persona?

El terapeuta no puede mezclar las cosas. No puede ceder ante arrebatos rom√°nticos o salir de su camino debido a la falta de respeto que puede causar la transferencia. Para ser de sangre fr√≠a e investigar sus propios sentimientos por esta delicada interacci√≥n, se recomienda que el terapeuta tambi√©n se someta a sesiones de psicoan√°lisis. El inconsciente de los dem√°s es una tierra que puede ser bastante hostil, y es com√ļn pedir refuerzos.

Interpretación

Durante un per√≠odo complicado de su vida, alrededor del momento en que muri√≥ su padre, Freud hizo un autoan√°lisis. Comenz√≥ a interpretar sus propios sue√Īos, recuerdos y pensamientos para llegar a conclusiones sobre su personalidad, un ejercicio de autoconocimiento. Pero no intentes repetirlo en casa. La interpretaci√≥n de los contenidos inconscientes que llegan a la conciencia solo puede ser realizada por un psicoanalista capacitado. Los pensamientos que surgen de la asociaci√≥n libre, por ejemplo, rara vez se refieren directamente al conflicto ps√≠quico. "Es muy raro que se encuentren recuerdos verdaderamente pat√≥genos en la superficie", dijo Freud. Seg√ļn √©l, lo que generalmente surge es un pensamiento que es un punto de partida para la emoci√≥n buscada, o incluso un v√≠nculo en esta cadena de asociaciones que alcanzar√° la clave del enigma, como si, en una pel√≠cula surrealista, tuvieras solo unas pocas escenas del medio.

Tambi√©n es en el ejercicio de la interpretaci√≥n que el analista identifica la represi√≥n actuando. Desde el momento en que el individuo le dice al terapeuta por qu√© busc√≥ el psicoan√°lisis, se olvidan los eventos reales, se puede cambiar el orden cronol√≥gico y se rompen los v√≠nculos causales. Existe una resistencia real contra la recuperaci√≥n de ciertos recuerdos. "No hay caso cl√≠nico neur√≥tico sin amnesia de ning√ļn tipo", se√Īal√≥ Freud.

La interpretación no es más que una intervención con el objetivo de hacer que el analizando entienda los significados inconscientes manifestados en su discurso. Pero esto no significa que el psicoanalista estará explicando todo al paciente todo el tiempo, aunque, solo para contrarrestar la línea del buen psicoanálisis, a Freud le gustaría explicarlo. El proceso de interpretación busca confirmar la comprensión del terapeuta, devolviendo algunas de las declaraciones del analizando a la sesión, animándolo a hablar más sobre el tema. En el psicoanálisis clásico, no espere respuestas del analista para sus dudas existenciales. No explicará nada. Solo actuará como un facilitador para que usted llegue a sus conclusiones solo. (En otras psicoterapias, sin embargo, se habla sobre el significado de las cosas).

Un ejemplo de esta intervenci√≥n que puede suceder en el psicoan√°lisis: la direcci√≥n de las asociaciones libres da se√Īales de que una mujer adulta es hostil hacia su hermana dos a√Īos menor, quiere excluirla de todo lo que forma parte de su vida, y tal vez tienes un deseo inconsciente de que tu hermana muera. Entonces, el terapeuta, en este sentido de confirmar una impresi√≥n y ayudar a la persona a llegar a sus propias verdades, puede preguntar: ‚Äú¬ŅCrees que, cuando naci√≥ tu hermana, te sentiste descuidado ya que tu madre gan√≥ un beb√© para cuidar y transferir parte? de la atenci√≥n que tuve contigo por este peque√Īo ni√Īo? Y ahora que ella es tan adulta como t√ļ, ¬Ņqu√© sientes por ella? ‚ÄĚ. Otro concepto err√≥neo, al que Freud nunca se cans√≥ de advertir, son las exageraciones.

Un cliché de estereotipos vinculados al psicoanálisis es querer interpretar todo: la "manía de la interpretación", a través de la cual se trata de mostrar una verdad oculta donde no hay nada. Los discípulos de Freud vieron símbolos sexuales en cada discurso, incluso delirantemente: "a veces un cigarro es solo un cigarro" es una frase atribuida a Freud, y tiene mucho sentido aquí.

El problema con muchas de estas exageraciones es que el prop√≥sito de la interpretaci√≥n parece seguir siendo … la interpretaci√≥n misma. Pero no. El objetivo de una buena interpretaci√≥n, al hacer que los conflictos inconscientes se vuelvan conscientes, es contribuir al autoconocimiento del individuo y mejorar su vida. Y eso no significa que el psicoan√°lisis env√≠e un conflicto, un trauma, un recuerdo doloroso al espacio. La idea es que, al descubrir el problema que te molesta, puedes tratarlo mejor. Punto.

Lo que sabes mal de ti, lo controlas. Lo que no sabe puede controlarlo ‚ÄĚ, explica el psicoanalista Pedro de Santi, quien imparte cursos sobre Freud en la Casa do Saber, en S√£o Paulo. "El psicoan√°lisis es lo contrario de la autoayuda porque muestra que es importante tener contacto con lo que duele". En otras palabras, ese momento trascendental nunca llegar√° cuando el psicoanalista se vuelva hacia ti y te diga "felicidades, est√°s curado". El psicoan√°lisis no fue inventado para esto. Freud mismo fue interrogado por los pacientes sobre la validez de la terapia, ya que nunca ser√≠a capaz de eliminar las circunstancias que causan los conflictos internos de las personas. A esto, Freud respondi√≥ de esta manera: ‚ÄúDe hecho, no dudo que sea m√°s f√°cil para el destino que para m√≠ eliminar tu sufrimiento. Pero estar√° convencido de que se gana mucho si logramos transformar su miseria hist√©rica en infelicidad com√ļn. Desde este √ļltimo podr√°s defenderte mejor con una vida ps√≠quica restaurada ‚ÄĚ.

Las reglas del sof√°

Para Freud, el psicoan√°lisis solo dio los mejores resultados en personas inteligentes y de buen car√°cter que estaban totalmente de acuerdo con el tratamiento, dispuestos desde el coraz√≥n a colaborar con la terapia. El m√©todo de asociaci√≥n libre no ser√≠a adecuado para personas que no est√°n dispuestas a hablar o que intelectualmente no pueden establecer las relaciones que fomenta el analista. "Freud siempre consider√≥ que el tratamiento psicoanal√≠tico era inapropiado para est√ļpidos, sin educaci√≥n, muy viejos, melanc√≥licos, man√≠acos, anor√©xicos o en un estado epis√≥dico de confusi√≥n hist√©rica", revela Elisabeth Roudinesco.

Pero Freud nunca fue un seguidor estricto de estas reglas. "Podr√≠amos pensar, para creer en su fundador, que el psicoan√°lisis est√° destinado exclusivamente a sujetos cultos, capaces de so√Īar o fantasear, conscientes de su estado, preocupados por la mejora de su bienestar, que tienen una moralidad por encima de cualquier sospecha y curable en unas pocas semanas o meses. Ahora, sabemos perfectamente que la mayor√≠a de los pacientes que fueron a Berggasse (la calle donde se encontraba la oficina de Freud) no coincid√≠an con este perfil ".

S√≠, hab√≠a muchas personas perturbadas entre las 170 personas que trataban con Freud, personas cuyo denominador com√ļn ten√≠a un origen en la burgues√≠a rica. La mayor√≠a eran jud√≠os, como √©l. Y muchas de estas personas no vinieron a Freud por su propia voluntad, sino que fueron forzadas por parientes; ten√≠an neurosis leves, pero tambi√©n hubo casos graves, que hoy llamar√≠amos psicosis. Si loco.

Sigmund Freud (todav√≠a un ni√Īo aqu√≠) decidi√≥ hacer un autoan√°lisis para comprender sus sentimientos sobre la muerte de su padre. (Portafolio Mondadori / Getty Images)

Si Freud no obedec√≠a sus propias reglas, mucho menos ten√≠a ning√ļn compromiso con las pautas t√©cnicas que se consolidaron entre los psicoanalistas de todo el mundo. Se sabe que estos profesionales no deben analizar a las personas cercanas a ellos, ya que este conocimiento previo puede influir en la interpretaci√≥n de lo que dice el individuo. Pero Freud analiz√≥ durante mucho tiempo a su hija Anna, quien se convertir√≠a en uno de los psicoanalistas m√°s conocidos de la historia, y tambi√©n a otros familiares, amigos, disc√≠pulos y c√≥nyuges de todas estas personas.

Adem√°s, hoy en d√≠a, cualquiera que quiera convertirse en psicoanalista tambi√©n debe someterse a terapia y luego someterse a supervisi√≥n. Freud no solo nunca se acost√≥ en el sof√° de otro psicoanalista, sino que tambi√©n admiti√≥ haberse analizado. Y esto va en contra de uno de los puntos de partida del psicoan√°lisis: la necesidad de un interlocutor. Porque el mecanismo de la terapia radica en la duplicaci√≥n: mostrarle al paciente lo que le est√° mostrando al terapeuta. Si el an√°lisis de una persona conocida ya implica el riesgo de influir en las interpretaciones, imagine cu√°nta distorsi√≥n hay en un autoan√°lisis … Pero vaya y d√≠gale a Freud que √©l invent√≥ todo.

El hecho es que la psicoterapia practicada por su inventor no fue similar a lo que los expertos hoy llamarían una consulta adecuada. Para darle una idea, Freud fumaba un cigarro en sesiones, y no se lo ofreció a los pacientes, lo que molestó un poco. También habló mucho más durante la sesión de lo que hablaría hoy un terapeuta freudiano. Explicó mucho sobre el proceso de psicoanálisis, interpretó mucho durante la sesión y, lo que es peor, habló sobre su propia vida y expuso sus preferencias políticas, entre otras opiniones.

Por lo tanto, atendió a ocho pacientes al día, 50 minutos por sesión. Y el tratamiento fue intenso: cada paciente asistió un promedio de seis veces por semana. (Hoy, en el psicoanálisis clásico, es poco probable que un terapeuta acepte un analizando y no se someta al menos a tres sesiones semanales, lo que requiere voluntad y dinero por parte de la persona interesada).

Aunque los pacientes raros ten√≠an tratamientos muy largos, de ida y vuelta, Freud generalmente no pasaba unos meses con la misma persona en su sof√°. Si no logr√≥ ning√ļn tipo de √©xito durante este per√≠odo, se desanim√≥ y termin√≥ rindi√©ndose.

El fin de la histeria

Hoy en d√≠a, es dif√≠cil encontrar a alguien que llame histeria a la enfermedad. En la primera versi√≥n de Manual diagn√≥stico y estad√≠stico de los trastornos mentales (DSM), desde 1952, la palabra histeria aparece 16 veces, sin descripciones detalladas, en ejemplos como "sordera hist√©rica", "par√°lisis hist√©rica de la laringe", "incontinencia hist√©rica", "histeria de angustia" … De la tercera edici√≥n del manual, de En 1980, el trastorno que llev√≥ al padre del psicoan√°lisis a investigar el inconsciente desapareci√≥ de la gu√≠a de este psiquiatra para siempre.

Pero el estudio de Sigmund Freud sobre las profundidades de la mente fue mucho más allá de la construcción de un método terapéutico dirigido a la histeria. El término psicoanálisis sirve tanto para designar la psicoterapia que estamos abordando ahora como, en un sentido más amplio, para nombrar la disciplina que fundó y que abarca sus teorías.

Contra indicaciones

En un texto de 1905, Psicoterapia, originalmente escrito para una conferencia en el Colegio Médico de Viena, Sigmund Freud enumeró algunas contraindicaciones: situaciones (y personas) que los psicoanalistas deberían evitar en la práctica clínica. Vayamos a los cuatro principales.


‚ÄĘ Si el paciente no es una buena persona, el tratamiento no pagar√°.

"Los pacientes enfermos que carecen de un grado de educación y un carácter razonablemente confiable deben negarse".


‚ÄĘ Deseche los casos muy graves.

"Las psicosis, los estados de confusión y el profundo desaliento (tóxico, podría decir) también son inadecuados".


‚ÄĘ A partir de los cincuenta a√Īos, no hay otra manera.

"La masa de material psíquico (de los más antiguos) ya no se puede dominar, el tiempo necesario para la recuperación se vuelve demasiado largo y la capacidad de deshacer los procesos psíquicos comienza a debilitarse".


‚ÄĘ El psicoan√°lisis no es una sala de emergencias, no funciona para casos urgentes.

"El psicoan√°lisis no debe usarse cuando se trata de eliminar r√°pidamente las manifestaciones amenazantes".

Dar un abrazo?

Considerado uno de los mejores psicoanalistas de todos los tiempos, Sandor Ferenczi (1873-1933), colaborador cercano de Freud, inventó en 1919 el principio de la técnica activa: en lugar de simplemente interpretar lo que dice el paciente, el terapeuta debe intervenir ampliamente durante todo el proceso. consulta, dar órdenes y prohibir. Hasta ahora, a los ojos de un laico, nada más. Solo Ferenczi se radicalizó. Deseando permitir que el analizando se identificara con un padre amoroso que podría haber estado ausente en la infancia de la persona, Ferenczi alentó a algunos pacientes a darle abrazos y besos.

S√≠ … Y sus ideas extremas no se detuvieron all√≠. En 1932, se le ocurri√≥ el concepto de an√°lisis mutuo, un verdadero intercambio de roles: era el analizando quien llevar√≠a a cabo la terapia. El terapeuta podr√≠a incluso acostarse en el sof√° en el lugar del paciente y, seg√ļn el caso, incluso pagar la sesi√≥n.

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