Hedy Lamarr, científico en Hollywood

Hedy Lamarr, científico en Hollywood

Era un alma perdida. Sin identidad ni amor. Llevaba la m√°scara de una diosa. Una cara que maldijo y que, seg√ļn √©l, le trajo “tragedia y angustia”, y que magnetiz√≥ a “seis infortunados c√≥nyuges”. Sin embargo, Hedwig Kiesler, la vienesa de origen jud√≠o a quien el Premio Pulitzer George Weller defini√≥ en 1931 como “la chica m√°s bella del mundo”, era una inteligente administradora de s√≠ misma y una innovadora provocadora de la gran pantalla, que no extra√Īaba mucho. y mucho volvi√≥ a un destino venenoso.

Hedy Lamarr, científico en Hollywood

Rebautizado Hedy Lamarr por el gur√ļ de Hollywood Louis B. Mayer (no sin un gusto sutilmente macabro, ya que la referencia era a la diva de la silenciosa Barbara La Marr, quien muri√≥ treinta a√Īos de hero√≠na), la vida de la actriz austriaca fue un amargo cortocircuito emocional, un tortuoso laberinto que atraviesa M√°s de 80 a√Īos entre la ficci√≥n y la realidad, sin tener una frontera entre uno y otro. Cuando un periodista, en 1946, le pregunt√≥ con un toque de malicia por qu√© no hab√≠a huellas delante del Teatro Chino de Los √Āngeles, en ese Hollywood Boulevard que lleva los pasos de las celebridades del espect√°culo, ella respondi√≥ lac√≥nicamente: ¬ę Estoy bastante pisoteada incluso sin estar en la acera ¬Ľ.

Hedwig nació en Viena el 9 de noviembre de 1914. Sus padres, ambos judíos, provenían de la clase media alta y con su hija mantuvieron una conducta típicamente del siglo XIX: poca atención y educación confiadas, como de costumbre, a una multitud de gobernantes.

A pesar de los momentos de ternura recordados en la problem√°tica autobiograf√≠a, las relaciones con la familia nunca fueron f√°ciles: hasta el √ļltimo de sus d√≠as, Hedwig habr√≠a evitado admitir sus ra√≠ces religiosas. “En muchas entrevistas habl√≥ de padres no afectados”, se√Īala la historiadora irlandesa Ruth Barton en su libro Hedy Lamarr, la vida y los inventos de la mujer m√°s bella de la historia del cine. (Castelvecchi).

Ni√Īa prodigio.

Ella era una ni√Īa brillante, la futura estrella. Aprendi√≥ a dibujar (pasi√≥n que nunca abandonar√≠a) y a sobrevivir con los idiomas. Atra√≠da por el teatro, pas√≥ las tardes recitando cuentos de hadas para un p√ļblico imaginario. A los 12 a√Īos, eludi√≥ la vigilancia y particip√≥ en un concurso de belleza: cautiv√≥ al jurado y se fue a casa con el premio m√°s codiciado (desatando la ira de la madre Gertrud). Al a√Īo siguiente vio una pel√≠cula en la pantalla grande por primera vez: metr√≥poli, por Fritz Lang. Durante este per√≠odo comenz√≥ a rodearse de muchachos y, gradualmente, a apasionarse por el sexo (sin rechazar las digresiones lesbianas)

En 1929, en medio de la crisis econ√≥mica, se matricul√≥ en un curso de actuaci√≥n y una ma√Īana, al marinar la escuela, se escabull√≥ en los estudios de Sascha Film, donde convenci√≥ a los escritores para obtener una part√≠cula.

Terca.

Los padres de Hedwig aceptaron a rega√Īadientes, aunque seguros de que la experiencia no seguir√≠a. Se equivocaron: la ni√Īa, que solo ten√≠a 15 a√Īos en ese momento, emancipada y terca, comenz√≥ su carrera. Despu√©s de un par de a√Īos ella estaba actuando como secretaria en la pel√≠cula. La dama de las flores y, a pesar del papel perif√©rico, sus ojos verdes “tan bonitos como una pintura” no escaparon al cr√≠tico de la revista alemana Lichtbild-B√ľhne. Pero fue sobre todo el encuentro en Viena con Max Reinhardt, uno de los dramaturgos m√°s famosos de la √©poca, lo que la sac√≥ del anonimato.

El hombre estaba trabajando en una comedia de √Čdouard Bourdet (El sexo m√°s d√©bil) y estaba en busca de talento, por lo que Hedwig obtuvo una peque√Īa pero buena parte. Con Reinhardt refin√≥ sus t√©cnicas de actuaci√≥n y el hombre “le ense√Ī√≥ las canciones americanas que su personaje deber√≠a haber interpretado”, dice el periodista Edoardo Segantini, quien recientemente public√≥ el libro. Hedy Lamarr, la mujer gata (Rubbettino).

La comedia

El sexo m√°s d√©bil se realiz√≥ durante un mes, disfrutando de “enorme √©xito”. Hedwig (pero incluso entonces prefer√≠a el diminuto Hedy) se dio cuenta de que para abrirse paso tendr√≠a que mudarse a Berl√≠n, el centro de gravedad de la comunidad art√≠stica de la √©poca. Empac√≥ y se fue.

En la metrópoli alemana tuvo la oportunidad de asistir a personajes destacados y darse a conocer gracias a la participación en otras dos películas.

Finalmente, el mundo comenz√≥ a notarla: el peri√≥dico New York Times habl√≥ de “una nueva y encantadora actriz austriaca”. De vuelta en Viena, en 1932, ocurri√≥ el episodio que marc√≥ su carrera y la hizo muy conocida: fue contratada por √©xtasis, por Gustav Machaty. La pel√≠cula gener√≥ un esc√°ndalo: el joven Hedy interpret√≥ el primer desnudo completo de la historia (mientras corr√≠a en un bosque y nadaba en un estanque) y recit√≥ el primer √©xtasis er√≥tico frente a una c√°mara.

Poco se ve en la pel√≠cula.: la escena del lago dura unos momentos y el falso orgasmo solo el tiempo de una mueca de molestia causada por un pinchazo: “Recuerdo una picadura particularmente dolorosa”, dijo Hedy, y fue entonces cuando “la c√°mara tom√≥ un primer plano de mi cara distorsionada en una aut√©ntica agon√≠a “.

Trauma en la familia.

√©xtasis, en el que se lanz√≥ la censura, fue un evento para los medios de comunicaci√≥n y un verdadero trauma para los padres de Hedwig: surgieron rumores y leyendas, incluido aquello seg√ļn el cual el sexo entre los actores no era realmente una obra de teatro.

 

Todav√≠a no ten√≠a veinte a√Īos, ahora famoso, en 1933 Hedy se cas√≥ con el traficante de armas Fritz Mandl, pero se encontr√≥ prisionero en una jaula dorada: “Mandl” notar√° que “no se hab√≠a casado conmigo, simplemente me hab√≠a agregado a su colecci√≥n”.

 

Disfrazada de sirvienta, y con los bolsillos llenos de joyas, la actriz se escap√≥ y en 1937 se divorci√≥ (como sucedi√≥ con los siguientes cinco esposos). Al llegar a Londres, uno de los agentes de Louis Mayer se le acerc√≥ y pas√≥ por Europa: el director de MGM, la compa√Ī√≠a cinematogr√°fica del le√≥n rugiente, quer√≠a conocerla. Los dos se conocieron, pero no fue un idilio: Mayer, que ten√≠a la nariz de un perro trufa, la rega√Ī√≥ por ese “trasero desnudo” visto en √©xtasis. Sin embargo, despu√©s de una larga negociaci√≥n, la ni√Īa austriaca rompi√≥ un contrato de 7 a√Īos por $ 500 por semana. No es un mal comienzo. A cambio, tendr√≠a que aprender ingl√©s y cambiar su nombre: desde ese momento habr√≠a sido Hedy Lamarr.

América me espera.

Despu√©s de mudarse a Los √Āngeles, Hedy comenz√≥ a familiarizarse con los estudios y a frecuentar las principales estrellas de la √©poca. Hasta que, en 1938, el actor Charles Boyer y el productor Walter Wanger (que a los 43 estaba a punto de lanzar el legendario Sombras rojas, La obra maestra de John Ford) la eligi√≥ para protagonizar Un americano en la casbah. Mayer “prest√≥” a Hedy a Wanger y la pel√≠cula se abri√≥ paso. Lamarr, pr√°ctico y tenaz en los negocios, se proyect√≥ en las estrellas. Continu√≥ diciendo: “Si un hombre me env√≠a flores, siempre miro si hay un brazalete de diamantes entre los capullos. Si no est√° all√≠, no veo la utilidad de las flores “.

 

Partiendo de la nada, había aprendido a dirigir y jugar de antemano. Pero, esclavizado por su propia imagen, el pedestal no los sostuvo bajo sus pies. Sin patria ni familia, Hedy buscaba un hilo de certeza: sus relaciones románticas duraron solo unos pocos meses, la guerra la preocupaba y, a pesar del dinero que no echaba de menos (era una de las actrices mejor pagadas de Estados Unidos). ), no podría ser feliz. La siguiente película fue un fiasco total. Terminó en análisis y nunca salió. Adoptó un hijo (que luego, por una disputa trivial, se fue de su casa) y tuvo dos por matrimonio con el actor inglés John Loder.

Actriz y científica.

Mientras continuaba filmando una pel√≠cula tras otra, en los a√Īos del conflicto, Hedy se comprometi√≥ a recaudar fondos para apoyar a los Estados Unidos: en una noche, dando besos, recaud√≥ $ 7 millones. En 1940 entr√≥ en contacto con el m√ļsico de origen prusiano George Antheil, que se ocupaba de instrumentos musicales controlados autom√°ticamente. Durante una cena, escribe Segantini, Hedy le confi√≥ a George “para saber muchas cosas sobre municiones, asuntos militares y armas secretas”: fue el pr√≥logo de uno de los pasajes m√°s ambiguos de su vida.

No hay forma de saber, contin√ļa el periodista, si Hedy hab√≠a robado planes y documentos del ex esposo Fritz Mandl. Pero el exponente socialista Hans Janitschek dijo que estaba convencido e incluso asumi√≥ que su escape de Viena hab√≠a sido favorecido por Servicios de ingles. Lamarr le cont√≥ a Antheil su propia idea y juntos comenzaron a trabajar en ella: era un sistema llamado Sistema de comunicaci√≥n secreto, para guiar los torpedos por radio, evitando que sean detectados. Hedy sab√≠a que este era uno de los grandes problemas de la guerra naval, una circunstancia bastante inusual para una actriz de 26 a√Īos sin ninguna formaci√≥n cient√≠fica.

Sin embargo, los dos tardaron solo unos pocos meses en llegar a una soluci√≥n: ¬ęUtilizando los rollos de papel perforado de los pianos mec√°nicos, Lamarr y Antheil desarrollaron un equipo capaz de cambiar continuamente las frecuencias de radio (salto de frecuencia) haci√©ndolos de hecho no interceptable ¬Ľexplica Segantini. La invenci√≥n fue patentada en 1942 con la ayuda del f√≠sico Samuel Stuart McKeown, de Instituto de tecnolog√≠a de California, pero la Marina de los EE. UU. lo encontr√≥ inutilizable en la pr√°ctica. Para la actriz, que abandon√≥ el proyecto, fue un golpe doloroso. No se imagin√≥ que algunas d√©cadas m√°s tarde, en ese concepto, se basar√≠a la tecnolog√≠a moderna de telecomunicaciones (ver estudio a continuaci√≥n. “Hedy y George” especifica el investigador estadounidense Un Pham “nunca habr√≠a hecho un centavo”.

Invención ingeniosa

Conocida mundialmente como actriz, Hedy Lamarr tambi√©n fue una brillante inventora. En 1942, junto con el m√ļsico George Antheil, patent√≥ el sistema de comunicaci√≥n Secreto, un m√©todo anti interceptaci√≥n de torpedos controlados por radio. Funcion√≥ as√≠: con un sistema similar a los rollos de papel perforado utilizados para la pianola mec√°nica, la frecuencia de los comandos de radio cambiaba constantemente para evitar que los enemigos interceptaran las se√Īales.

Incomprendida.

En ese momento, la Marina de los Estados Unidos lo consideraba demasiado engorroso; nunca se us√≥ oficialmente. No se excluye que la decisi√≥n estuvo influenciada por las citas de la actriz con Mussolini y Hitler en los a√Īos en que estuvo casada con Mandl, incluso si en realidad Lamarr era antinazi. Solo desde la d√©cada de 1950, en el apogeo de la Guerra Fr√≠a, se utiliz√≥ el sistema sin el conocimiento de sus inventores para el monitoreo por radio de los submarinos de la URSS.

En celulares. Hoy, el sistema de comunicaci√≥n Secreto es recordado por otra caracter√≠stica: “Era una primera forma rudimentaria de espectro extendido. El principio detr√°s de la telefon√≠a m√≥vil contempor√°nea”, explica el erudito Edoardo Segantini. Durante una llamada telef√≥nica, de hecho, la frecuencia cambia continuamente, para permitir el uso del mismo rango de frecuencias para m√ļltiples usuarios y al mismo tiempo para evitar que otros escuchen la conversaci√≥n.

Recompensarse. La patente ha expirado hace mucho tiempo, pero en 1997 el premio y el m√ļsico que lo registraron recibieron el premio. Premio pionero asignado a inventores que revolucionaron el mundo de la electr√≥nica y la comunicaci√≥n. Hedy, de 83 a√Īos y viviendo sola, reaccion√≥ con una broma desde su casa en Florida: “Era hora”.

En la avenida del atardecer. Mientras tanto, en el set, las actuaciones del austriaco resultaron poco convincentes. “Trabajar con ella fue dif√≠cil: era una mujer rebelde y combativa”, dice Pham y, con algunas excepciones, sus pel√≠culas no obstruyeron la taquilla. En el papel principal en Sans√≥n y Dalila (1949) por Cecil B. DeMille (para el cach√© estratosf√©rico de cien mil d√≥lares), encontr√≥ un destello de celebridad: seg√ļn los cr√≠ticos, era un pastel de carne que no se pod√≠a ver (‚ÄúEs la √ļnica pel√≠cula en la que las tetas del protagonista masculino son m√°s grandes que esas de la actriz “, dijo Groucho Marx), pero a la gente le gust√≥ y cobr√≥ n√ļmeros r√©cord.

Fue una ola corta:

Hedy estaba a la deriva, no era y nunca habr√≠a sido la gran actriz con la que so√Īaba. Triste y cansada, se√Īala Pham, “se someti√≥ a una cirug√≠a est√©tica que le habr√≠a desfigurado la cara”. Alg√ļn tiempo despu√©s interpret√≥ a Juana de Arco y el Los Angeles Times dictamin√≥: “No puede expresar calor incluso cuando se quema vivo”. Despu√©s de mostrar algunos signos de inestabilidad mental, en la d√©cada de 1950 dej√≥ la escena.

Ella se apasion√≥ por el mundo de las finanzas, pero dos veces se sorprendi√≥ de robar en un supermercado. Luego, cuando sali√≥ su autobiograf√≠a en 1966, El √©xtasis y yo (en Italia editado por Sugar), editado por un par de escritores. La actriz afirm√≥ que muchos episodios mencionados en el libro hab√≠an sido inventados. Algunos exasperados (especialmente los relacionados con el sexo) y otros a√ļn completamente ignorados. Pero a pesar de la demanda que present√≥ contra la editorial, el volumen fue publicado y el da√Īo a la imagen fue enorme. Solo la vejez le devolvi√≥ un poco de serenidad, aunque estuviera acompa√Īada de nostalgia por Viena.

El ultimo viaje. El 18 de enero de 2000, Hedy se puso unas gotas de perfume y se fue a dormir. “Fue como si presagiara el comienzo de un nuevo viaje”, dice Segantini. Al d√≠a siguiente fue golpeada por un ataque al coraz√≥n. Dej√≥ m√°s de tres millones de d√≥lares. Su agente Robert Lantz dijo: “El √ļnico gran amor de Hedy Lamarr fue Hedy Lamarr”.

Deja tu comentario

Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. más información

Los ajustes de cookies de esta web est√°n configurados para ¬ępermitir cookies¬Ľ y as√≠ ofrecerte la mejor experiencia de navegaci√≥n posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en ¬ęAceptar¬Ľ estar√°s dando tu consentimiento a esto.

Cerrar