Filosof√≠a y felicidad: ser feliz seg√ļn los grandes fil√≥sofos

¬ŅQu√© es la felicidad? Probablemente, cada persona que decida responder esta pregunta presentar√° su propia respuesta, porque la felicidad, en cierto sentido, es algo individual, personal e intransferible. Por otro lado, existe una idea de felicidad que pertenece al sentido com√ļn y es compartida por la abrumadora mayor√≠a de las personas: la felicidad es tener salud, amor, suficiente dinero, etc. Adem√°s, la idea de la felicidad no es algo reciente. Ciertamente, ha estado con los seres humanos durante mucho tiempo y es parte de su historia.

Por lo tanto, es posible rastrear la evolución histórica de esta idea, si nos centramos en la disciplina que siempre se ha dedicado a investigar nuestras ideas, para definirlas y aclararlas: filosofía. De hecho, la idea de felicidad es de gran importancia para el origen de la filosofía. Es parte de las primeras reflexiones filosóficas sobre ética, que se desarrollaron en la antigua Grecia. Luego seguiremos la evolución histórica de esta idea haciendo un viaje a través de la historia de la filosofía.

La referencia filos√≥fica m√°s antigua disponible sobre el tema es un fragmento de un texto de Tales of Miletus., quien vivi√≥ entre las √ļltimas d√©cadas del siglo VII a. C. y la primera mitad del siglo VI a. C., seg√ļn √©l, es feliz "quien tiene un cuerpo sano y fuerte, buena suerte y un alma bien formada". Vale la pena prestar atenci√≥n a la expresi√≥n "buena suerte", ya que la felicidad depend√≠a de la visi√≥n de los griegos m√°s antiguos.

Buen demonio

En griego, la felicidad se dice "eudaimonia", una palabra que se compone del prefijo "yo", que significa "bueno", y "daimon", "demonio", que, para los griegos, es una especie de semidi√≥s o de genio, que acompa√Īaba a los seres humanos. Ser feliz era tener un "buen demonio", que estaba relacionado con la suerte de cada uno. Quien tuvo un "demonio malo" fue fatalmente infeliz.

No hay duda de que, entre los siglos X y V a. C., el pensamiento griego tiende a considerar a los demonios malvados m√°s frecuentes que a los buenos y presenta una visi√≥n pesimista de la existencia humana. No es casualidad que los griegos inventaran la tragedia. Una expresi√≥n radical de este pesimismo es provista por un viejo proverbio griego, seg√ļn el cual "lo mejor de todo es no nacer".

Fue la filosofía la que rompió con esta visión pesimista y buscó establecer pautas para que el hombre busque la felicidad. Abdera Demócrito (aprox. 460 a.C./370 a.C.) creía que la felicidad era "la medida del placer y la proporción de la vida". Para lograrlo, el hombre necesitaba dejar de lado las ilusiones y los deseos y lograr la serenidad. La filosofía fue el instrumento que hizo posible este proceso.

Virtud y justicia

Sócrates (469 a. C. / 399 a. C.) dio una nueva dirección a la comprensión de la idea de felicidad, postulando que no se relacionaba solo con la satisfacción de los deseos y necesidades del cuerpo, porque, para él, el hombre no era solo el cuerpo, sino principalmente el alma Por lo tanto, la felicidad era el bien del alma que solo podía lograrse mediante una conducta virtuosa y justa.

Para S√≥crates, sufrir una injusticia era mejor que practicarlo y, por lo tanto, seguro de ser justo, no fue intimidado ni siquiera ante las condenas de muerte por un tribunal ateniense. Rodeado por los disc√≠pulos, bebi√≥ el cuenco de veneno que se le impuso y pareci√≥ feliz a todos los que lo atendieron en sus √ļltimos momentos.

Entre los disc√≠pulos de S√≥crates, Ant√≠stenes (445 a. C. / 365 a. C.) a√Īadi√≥ un toque personal a la idea de felicidad de su maestro, considerando que el hombre feliz es el hombre autosuficiente. La idea de la autosuficiencia (que en griego se llama "autarqu√≠a") seguir√° estando directamente relacionada con la de la felicidad durante los pr√≥ximos setecientos a√Īos.

Una función del alma

Pero el mayor discípulo de Sócrates, que efectivamente tomó la especulación filosófica antes de donde su maestro lo había dejado, fue Platón. (427 a.C./347 a.C.), quienes consideraron que todas las cosas tienen su función. Así, como la función del ojo es ver y la del oído oír, la función del alma es ser virtuosa y justa, de modo que, ejerciendo la virtud y la justicia, obtenga la felicidad.

Es importante aclarar que nociones como la virtud y la justicia son parte de un hilo de pensamiento filos√≥fico llamado √Čtica, que se dedica a la investigaci√≥n de costumbres, con el objetivo de identificar lo bueno y lo malo. Para Plat√≥n, la √©tica no se limitaba a los negocios privados, sino que tambi√©n deb√≠a ponerse en pr√°ctica en los negocios p√ļblicos. De esta manera, el fil√≥sofo entendi√≥ que la funci√≥n del Estado era hacer que los hombres fueran buenos y felices.

El v√≠nculo entre la √©tica y la pol√≠tica se definir√° a√ļn m√°s en el trabajo del disc√≠pulo m√°s importante de Plat√≥n, Arist√≥teles. (384 a. C. / 322 a. C.), que dedic√≥ un libro entero a la cuesti√≥n de la felicidad: "√Čtica a Nic√≥maco" (que es el nombre de su hijo, para quien el libro fue escrito). Amigo de Plat√≥n, pero, en sus propias palabras, "m√°s amigo de la verdad", Arist√≥teles critic√≥ el idealismo del maestro, reconociendo la necesidad de elementos b√°sicos, como buena salud, libertad (en lugar de esclavitud) y una buena situaci√≥n socioecon√≥mica. para que alguien sea feliz

Felicidad intelectual

Por otro lado, bas√°ndose en una serie de razonamientos basados ‚Äč‚Äčen el hecho de que el hombre es un animal racional, Arist√≥teles concluye que la mayor virtud de nuestra "alma racional" es el ejercicio del pensamiento, para el cual, seg√ļn √©l, el La felicidad se identifica con la actividad de pensamiento del fil√≥sofo, que incluso acerca a los seres humanos a la divinidad.

Sin perder de vista la aplicación práctica de sus ideas, Aristóteles considera que la política es una extensión de la ética y, en este sentido, también es una función del Estado crear las condiciones para que el ciudadano sea feliz. Sin embargo, el estado que el filósofo tenía en mente era la "polis" griega, que, en ese momento, dejaba de existir, con el surgimiento del imperio de Alejandro Magno.

Después de Alejandro, en el mundo griego o helénico, se desarrollaron tres escuelas filosóficas que se extenderán hasta el final del Imperio Romano, las llamadas filosofías helenísticas. Todos ellos, de diferentes maneras, llegan a la conclusión de que, para ser feliz, el hombre no solo debe ser autosuficiente, sino también desarrollar una actitud de indiferencia, de impasibilidad, en relación con todo lo que lo rodea. La felicidad, para ellos, era "apatía", una palabra que, en ese momento, no tenía el significado patológico que tiene hoy.

El placer del alma y la salvación

Entre los filósofos del mundo helénico, se puede citar a Epicuro. (341 a.C. / 71 a.C.), para dejar en claro que esta idea de "apatía" no significa abdicar del placer. El placer era esencial para la felicidad de Epicuro, cuya filosofía también se conoce como hedonismo (en griego "hedone" significa "placer"). Pero deja en claro, en una carta a un discípulo, que no se está refiriendo al placer de "los disolutos y los ladrones", sino al placer de la impaciencia que libera de los deseos y las necesidades.

Con el fin del mundo helénico y el advenimiento de la Edad Media, la felicidad desapareció del horizonte de la filosofía. Al estar relacionado con la vida del hombre en este mundo, no interesó a filósofos cristianos como Agustín de Hipona (354 d.C. / 430 d.C.), Anselmo de Canterbury (1033/1109) o Tomás de Aquino (1225/1274), todos los santos de la Iglesia Católica. Para la filosofía cristiana, más que la felicidad, lo que cuenta es la salvación del alma.

Los filósofos volvieron al tema en la Edad Moderna. John Locke (1632/1704) y Leibniz (1646/1716), a comienzos de los siglos XVII y XVIII, identificaron la felicidad con el placer, un "placer duradero". Algunas décadas después, el filósofo de la Ilustración Immanuel Kant (1724/1804), en el trabajo "Crítica de la razón práctica" definió la felicidad como "la condición de ser racional en el mundo, para quien, a lo largo de la vida, todo sucede de acuerdo con su deseo y voluntad".

Derecho del hombre

Sin embargo, para Kant, como la felicidad cae dentro del alcance del placer y el deseo, no tiene nada que ver con la ética y, por lo tanto, no es un tema de interés para la investigación filosófica. Su argumento fue tan convincente que, de él, la felicidad desapareció del trabajo de las escuelas filosóficas que lo siguieron.

Aun as√≠, no se puede dejar de mencionar que, en el mundo de habla inglesa, al mismo tiempo que Kant, la idea de la felicidad gan√≥ importancia en el pensamiento pol√≠tico y su b√ļsqueda se convirti√≥ en un "derecho del hombre", como est√° consagrado en la Constituci√≥n de los Estados Unidos de Am√©rica, que data de 1787 y fue escrita bajo la influencia de la Ilustraci√≥n.

Egocentrismo e infelicidad.

También está dentro del alcance de la filosofía anglosajona, en el siglo XX, que se encuentra una nueva reflexión sobre nuestro tema. Inglés Bertrand Russell (1872/1970) le dedicó el trabajo "La conquista de la felicidad", utilizando el método de investigación lógica para concluir que es necesario fomentar una multiplicidad de intereses y relaciones con las cosas y con otros hombres para ser feliz. Para él, en resumen, la felicidad es la eliminación del egocentrismo.

M√°s recientemente, en 1989, el fil√≥sofo espa√Īol Juli√°n Mar√≠as tambi√©n dedic√≥ un libro notable al tema, "Felicidad humana", en el que estudia la historia de esta idea, desde la Antig√ľedad hasta nuestros d√≠as, enfatizando que la ausencia de reflexi√≥n filos√≥fica sobre la felicidad en el El mundo contempor√°neo es quiz√°s un s√≠ntoma de lo infeliz que es este mundo.

Bibliografia

Abbagnano, Nicola Р"Diccionario de filosofía", Martis Fontes, São Paulo, 2000.

Berti, Enrico – "Al principio fue maravilloso", Loyola, S√£o Paulo, 2010.

Marías, Julián Р"Felicidad humana", Duas Cidades, São Paulo, 1989.

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